Un gigante chileno de la alimentación

En el conglomerado chileno Agrosuper todo es a lo grande. Con marcas como Super Pollo y Super Cerdo, es líder tanto en la industria avícola como en la porcina, con más del 50% del mercado nacional en ambas carnes. Cuando tuvo uno de sus grandes traspiés, en 2012, cerca de medio millón de cerdos quedaron abandonados sin agua ni alimento durante cinco días en pleno desierto de Atacama a raíz de un conflicto con una comunidad vecina. Más recientemente, a fines de mayo, compró una empresa acuícola para ampliar sus operaciones en el sector y se posicionó como el tercer jugador de la industria del salmón de Chile, el segundo productor mundial, por detrás de Noruega.

El grupo, fundado en 1955 por su actual presidente, Gonzalo Vial Vial, de 83 años, realizó operaciones por más de 2.000 millones de euros en 2017, con una ganancia de 225 millones (al tipo de cambio actual). Emplea a 14.000 personas en forma directa y exporta a 67 países, de los que proviene el 40% de su facturación. Pero sus orígenes fueron modestos. La carrera empresarial del dueño de Agrosuper empezó cuando se instaló junto a dos colaboradores en un campo de su familia para comenzar un negocio de producción de huevos. La propiedad estaba cerca de Rancagua, una ciudad ubicada a 100 kilómetros al sur de Santiago, donde la firma mantiene su sede hasta hoy.

«Tras cinco años, el negocio se amplió a la venta de pollos vivos y desde ahí, hacia la comercialización de la carne en 1974», cuenta en un correo electrónico el gerente de administración y finanzas, Luis Felipe Fuenzalida. «Más tarde, en la década de los ochenta, se incorporó la producción y comercialización de carne de cerdo junto con la de salmón, cecinas y embutidos». Los últimos animales en entrar a sus plantas de faena fueron los pavos, un mercado de menor volumen pero dominado por Agrosuper, que alcanza el 72% de las ventas.

Además de sumar nuevos rubros, el grupo creció en forma vertical. Tiene cinco fábricas de alimento para los animales y otras cinco plantas de faena que se abastecen de sus propias granjas. Desde allí distribuye un portafolio de más de 1.600 productos gracias a una red de 27 sucursales que se extiende desde Arica en el extremo norte hasta Punta Arenas en el extremo sur. Su principal canal de ventas en Chile son los supermercados, que representan el 47% de su facturación. En el sector de congelados de las grandes superficies nunca faltan los paquetes de Super Pollo, Súper Cerdo, Sopraval, La Crianza, Súper Salmón y Pollos King, sus principales marcas.

Los comerciales y anuncios publicitarios de la empresa son habituales en Chile, pero en 2012 fue por otra razón que el conglomerado acaparó amplios espacios en los medios. El mal olor que salía de uno de sus grandes pabellones de cría porcina, en el valle del Huasco (región de Atacama), movilizó durante varios meses a los pobladores de Freirina, un pueblo vecino a la planta. En el pico del conflicto, la empresa abandonó las instalaciones y unos 500.000 cerdos quedaron sin agua ni alimentos durante cinco días. Murieron cerca de mil animales y las autoridades declararon una alerta sanitaria.

El episodio no solo fue un golpe para la imagen de la empresa. Agrosuper cerró ese ejercicio con una pérdida de 215 millones de euros y una vez que faenó los cerdos que quedaban, cesó indefinidamente las operaciones en la planta, en la que había invertido unos 500 millones de dólares. La compañía afirmó que el mal olor se debía a una falla técnica que estaba en vías de solucionarse y que los cerdos quedaron desatendidos porque los manifestantes impedían el acceso al predio. Dos años más tarde, sin embargo, el fundador de la empresa reconoció errores. «Dialogamos poco con una comunidad que es minera, no agrícola, y que no entiende mucho del asunto. Porque el chancho [cerdo] va a tener siempre olor a chancho, pierda cuidado», afirmó Vial en una entrevista con El Mercurio.

Pero el capítulo más turbio de su historia fue otro. En octubre de 2015, la Corte Suprema de Chile declaró culpable a Agrosuper y otras dos empresas del sector avícola en un juicio por prácticas anticompetitivas. Acusada de participar en un cartel para asignarse cuotas de producción durante al menos 10 años, el fabricante de Super Pollo tuvo que pagar una multa de 23 millones de dólares.

En la compañía, sin embargo, afirman que desde la década de 2000 el principal motor de crecimiento no es el mercado interno sino las exportaciones, razón por la que el conglomerado ha abierto oficinas comerciales en Italia, Estados Unidos, México, Japón y China. «La compañía ha aprovechado las ventajas competitivas de tener su producción en Chile, donde el clima y las barreras naturales permiten una mayor protección y bioseguridad frente a enfermedades, lo que le ha ayudado a desarrollar una imagen de productos de calidad», afirma el gerente de administración.

Las exportaciones son clave sobre todo para la producción de salmón, donde representan un 93% de las ventas de la subsidiaria acuícola. Pero en este sector, las enfermedades son un problema para la industria. Por la septicemia rickettsial salmonídea o SRS, un patógeno que afecta a los cultivos chilenos, las empresas usan grandes cantidades de antibióticos y han sido cuestionadas dentro y fuera del país. En 2015, la cadena estadounidense Costco informó que reduciría sus compras de salmón chileno por ese motivo.

Según la ONG Oceana, en Noruega se utilizan menos de 0,2 gramos de antibióticos para producir una tonelada de salmón, mientras que en Chile algunas empresas alcanzan los 900 gramos para lograr la misma cantidad de pescado. La subsidiaria de Agrosuper, Los Fiordos, consumió cerca de 600 gramos por tonelada producida entre 2012 y 2014, según datos del Servicio Nacional de Pesca.

La industria acuícola representó el 15% de la facturación del conglomerado en 2017, pero el porcentaje probablemente será mayor una vez que se incorporen los activos de Friosur, la empresa salmonera que adquirió a fines de mayo por 229 millones de dólares.

 

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