Para llegar a su mesa

10/11/2020 Durante la pandemia del covid-19, Senasa ha redoblado esfuerzos supervisando mataderos, centros de faenamiento avícola, plantas de tratamiento y empaque, pensando en la seguridad alimentaria de millones.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria por la pandemia del covid-19, los establecimientos de procesamiento primario de alimentos agropecuarios y piensos han continuado laborando. Así se ha evitado el desabastecimiento en productos que consumimos millones. 

El personal que trabaja en el centro de proceso de la planta de beneficio Chincha de la empresa San Fernando ya realizaba, en la prepandemia, el lavado y desinfección de las manos y usaba mascarillas. Ellos contaban con sistemas de gestión ISO para sus diferentes procesos (calidad, inocuidad, medioambiente, salud y seguridad en trabajo). Esto debido a que la planta, además de abastecer con carne de aves a Chincha y Lima, cuenta con una autorización sanitaria para exportar, emitida por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa).

Cambios por el covid-19

Las nuevas medidas de bioseguridad implementadas por el Ministerio de Salud (Minsa), el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) y Senasa a causa del covid-19 les significó adicionar el uso de mascarillas en todo momento y el de caretas fuera del área de proceso. Se ha ampliado la desinfección de llaves y teléfonos celulares. Y cada trabajador cuenta con un kit de seguridad para implementar un pequeño ambiente de desinfección a la entrada de sus hogares.

El jefe de esta planta de beneficio chinchana, el ingeniero Juan Panduro, recuerda que la región Ica está golpeada por el covid-19, y San Fernando, para continuar con el abastecimiento continuo, adaptó por áreas y turnos el traslado de los 254 trabajadores: han separado por áreas inclusive comedores, vestidores y servicios higiénicos.

Si hay algún indicio del covid-19, se activa el protocolo, se toma una prueba rápida al trabajador en el tópico y, de dar positivo, se le hace una prueba molecular y un cerco epidemiológico para hacer la trazabilidad.

Estas medidas y tener las áreas aisladas han permitido una rápida reacción, asegura Panduro. “A la fecha actual, no tenemos ningún caso reportado con indicio de covid-19. Todo el personal está en estado operativo”, explica.

Labor continua

“Si bien hubo disminución de las actividades y procesos por la pandemia, las empresas no han parado en su totalidad, ya que los productos alimenticios deben llegar a la mesa de todos los peruanos”, dice, por su parte, el jefe nacional del Senasa, Miguel Quevedo Valle.

A escala nacional hay 1,366 establecimientos de procesamiento primario: 214 de origen animal y 1,152, de origen vegetal; existen 77 mataderos, 197 centros de faenamiento, 5 cámaras frigoríficas, 70 establecimientos de procesos de piensos, cuentan con autorización y son inspeccionados por el servicio sanitario.

Nivel de cumplimiento

Quevedo Valle enfatiza que Senasa tiene asegurado hasta el 2021 el personal suficiente para hacer estas supervisiones en todo el Perú. Explica que han primado las buenas prácticas de producción durante la actual emergencia a la hora del cumplimiento de los protocolos de bioseguridad.

Cada planta ha adoptado diversas medidas, cumpliendo con las disposiciones de las entidades del Estado, estableciendo sus propios protocolos de prevención del covid-19 entre sus trabajadores para continuar con la dinámica de la producción diaria.

Recuerda Quevedo que hay prácticas que son reguladas por cada empresa y se dan en forma permanente, como, por ejemplo, las buenas prácticas de higiene, producción y manufactura. Estas medidas se continuarán supervisando mientras dure la emergencia sanitaria implementada por el Gobierno hasta el próximo año “para salvaguardar a los trabajadores y la salud pública a escala nacional”.

Finalmente, para identificar posibles contaminantes que pueden afectar la salud de los consumidores, el jefe del Senasa recuerda que los procesadores de alimentos agropecuarios primarios “deben hacer un análisis de peligros, determinar puntos críticos de control en su proceso, establecer límites críticos y un sistema de vigilancia, entre otras medidas. Para ello el establecimiento de procesamiento primario ha implementado un sistema de Análisis de Peligros y de Puntos Críticos de Control (HACCP), con el objeto de asegurar la calidad sanitaria e inocuidad de los alimentos”.

Bioseguridad, palabra clave

Los establecimientos de procesamiento primario de alimentos agropecuarios deben cumplir con una serie de medidas sanitarias de bioseguridad: uso de equipos de protección personal (mascarillas y/o caretas), implementos para el lavado y desinfección de manos. Deben evitar aglomeraciones. Y su Sistema de Gestión de la Inocuidad debe contar con procedimientos para asegurar las condiciones higiénico-sanitarias durante el procesamiento del alimento.

Fuente: https://elperuano.pe/