La soja y su uso en animales

El cultivo de la soja en nuestro país se extiende paulatinamente. Si bien gran parte es comercializada como grano para exportación, es importante tener en cuenta las posibilidades de industrialización en nuestro país, a fin de dar un valor agregado al producto y generar mayor mano de obra.

La soja es una planta originaria de Japón y China; fue introducida en América a finales del siglo XIX. Es una planta leguminosa de tallo erguido, y su altura está determinada por la variedad y época de siembra, como también por el clima y el ambiente en que se la cultive. Hay muchas clasificaciones, pero generalmente usamos las que se refieren a su ciclo vegetativo; temprano, intermedio y tardío, entre las más usadas en nuestro medio.

Puede ser utilizada en la nutrición animal en diferentes formas, usando la planta entera, la semilla o los subproductos obtenidos de ella.
El poroto de soja es un producto que tiene la doble cualidad de aportar energía y proteína; estos aportes lo convierten en muy importante en la nutrición de los animales.

La calidad de la proteína que se obtiene de esta planta es considerada muy buena, no sólo por la cantidad, si es alta, sino también por el alto contenido de los aminoácidos indispensables que hay en ella, como son la lisina y la metionina, los cuales son primordiales en los animales lecheros para la producción.

Muchas veces, aconsejamos a los pequeños productores utilizar la soja integral como fuente de energía y de proteína en alimentación de todas las especies animales, y hacemos la recomendación de que hay que desactivar el grano antes de incorporarlo a la ración.

Si la soja va destinada al ganado rumiante, podemos decir que puede ser suministrada sin desactivar, pero se debe tener en cuenta que la cantidad que se puede utilizar tiene un límite que no puede ser mayor al 20% de la materia seca total de la ración, y además tener en cuenta que no supere el 6,5% de las grasas totales. Además, hay que atender que el uso de la soja cruda debe ser introducida en forma gradual para producir un acostumbramiento del animal, es decir, proporciones no mayores al 18%, porque de lo contrario se pueden producir trastornos digestivos e interferencias en el metabolismo, que pueden afectar no solamente la absorción de los nutrientes, sino también comprometer la salud del animal, ya que puede afectar la fermentación ruminal, sobre todo en las fibras, con lo cual se produce un desequilibrio en el aporte total de los nutrientes destinados a la producción de carne o de leche.

Cuando se incorpora soja cruda en los rumiantes, su degradación generalmente es mayor a 75%; pero si la soja es tratada por medio del tostado, esta acción disminuye a un 40% y no altera la digestión y, además, el desactivado incrementa significativamente la concentración de ácidos grasos Omega 3 y Omega 6 en leche, muy tenidos en cuenta hoy en día en la nutrición humana, por la incidencia que estos tienen en la disminución de las enfermedades cardiovasculares.

Cuando el grano de soja se va a utilizar en la alimentación de terneros, el grano debe ser desactivado de la misma forma que se hace para cuando se usa en aves y cerdos. Nunca debe ser utilizado en forma cruda, porque en estas condiciones, la soja contiene factores antinutricionales que son inhibidores de una enzima, la tripsina, que tiene un papel fundamental en la digestión de las proteínas. También un inhibidor de la vitamina A y un factor anticoagulante. Todos ellos son sensibles al  calor y se destruyen por el calentamiento del grano, ya sea en el proceso de estruzado o por medio del hervido o en contacto con un plano caliente, con lo cual se produce el tostado. Cualquiera que sea la técnica empleada para desactivar la soja, se debe tener especial cuidado de no pasarse en el calor, más de 140 ºC, porque este puede atentar contra los aminoácidos de las proteínas hasta desnaturalizarlas de tal forma que no sean tan eficientes como son originalmente. Un proceso correcto de desactivado inhibe la actividad ureásica. Esta actividad le confiere un sabor ácido al grano de soja y es un claro indicador de la presencia del factor antitripsina. De acuerdo a los estándares de referencia, la actividad ureásica de la soja correctamente tratada con calor debe encontrarse en alrededor de 0,2 unidades de pH.

Cuando se usa el grano entero de soja, este se debe partir o quebrar lo más cerca del tiempo de procesamiento del alimento. Esto es debido a que el grano contiene mucha grasa y si es partido con mucha anticipación, esta se oxida y atenta contra la calidad del mismo: se enrancia y perjudica a las vitaminas, como la A, D y E presentes en la ración.

Cada especie tiene una tolerancia a la cantidad de soja a utilizarse. En las aves y cerdos, si bien se puede suministrar de acuerdo a los requerimientos proteicos, no siempre satisfacen las necesidades de lisina y metionina, por lo que hay que suplementarlas, sobre todo en las raciones preiniciadoras e iniciadoras de todas las especies.
Quiero reiterar este concepto de que, en los rumiantes adultos, el grano de soja crudo sólo puede administrarse sin problemas, siempre que sea administrado en pequeñas cantidades hasta que el animal se acostumbre. Cuando se usa expeler, se debe tener especial cuidado de verificar la calidad, mediante la observación del color, el análisis químico, o la verificación de la procedencia.

Esta información puede ayudar al productor a tener en cuenta qué le suministra en materia de proteínas a los animales cuando se utilizan diferentes componentes de la soja. El grano entero crudo tiene 32. 5% de proteína bruta (P.B.); residuos de soja no clasificados 25. 6% de P.B.; expeler de soja entre 40 y 50% de P.B.; cascarilla de soja 18% de P.B.; planta entera con el ciclo cumplido 24. 1% de P.B.; planta entera en estado vegetativo 22% de P.B.; residuos de la soja obtenidos después de la cosecha pueden aportar casi 7% de proteína bruta. Algunos de estos valores fueron obtenidos de la “Tabla de composición de alimentos producidos en el Paraguay, destinado a los animales domésticos”, elaborado por el Departamento de Nutrición Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNA.

Ante la duda, siempre es bueno consultar con un técnico nutricionista, para no perder dinero en el experimento de uso inadecuado de oleaginosa. Debemos recordar que el mayor costo de la producción animal está en la alimentación.

La mandioca y el ka’a he’ê son buenos complementos para utilizar con la soja: la primera, como fuente energética; el segundo, para favorecer la conversión alimentaria, ya que interactúa, en el metabolismo de los carbohidratos, lípidos y proteínas, acentuando el aprovechamiento de los alimentos.

Fuente: http://www.agromeat.com/4947/la-soja-y-su-uso-en-animales

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